Esa noche me levante asustado, no sabía qué hora era, fue un dia agotador, me canse de estar cansado, necesitaba lavar la culpa de mi flojera ofreciendo tributo a mamapoxtli
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Se me ocurrió el apodo después de ver un gravado del hijo del ahuizote en donde salía Porfirio Díaz en la cima de una pirámide y en frente su víctima, y un pie de página que decía: “tributo a porfiripoxtli”, desde ahí entre mi loca imaginación digámoslo así, se me ocurrió apodar a una de mis fálicas madres de esa manera.
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En el trascurso de la noche al planear el tributo de la próxima mañana, me descubrí pensando en ella, si en ella, al fin Freud me ampara, pensé en tal vez mandarle mensaje, en que tal vez se olvido de mi, creyendo que este era un consuelo para pensar que alguna vez me encontré en su pensamiento, Salí a ver la luna a ver si de casualidad encontraba su cara, y la encontré, por lo tanto no quise verla más y decidí regresar a mi cuarto.
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Ese cuarto era algo especial, de el acompañé a mi otra madre a su cita con el destino, si, era el cuarto de ella, que al encontrarse muy enferma, la lleve a Tuxpan a ver a un ángel, en fin. la recamara guarda recuerdos esperanzas y los sueños de todos, pues si alguna vez que dije que mi familia era una familia muy acomodada, así es, pues en vacaciones nos acomodamos muy bien en esa amplia habitación, bodega que guarda a la poca familia que me queda, y los grandes recuerdos de muchos, que hacen poco el espacio para ambular.
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Y claro, recordé los bellos jardines de lo días de mi abuelo, sus hileras de rosas injertadas, flores de mayo a las laderas de la banqueta y los tres arcos que cubrían la cabeza del caminante llenas de unas flores naranjas, la casa blanca de los arcos decían, tanto así que doña rosita decía, al ver que la pintaban de café, ¿Qué no era esta la casa blanca, maestro?
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Por supuesto ya no hay nada, tardé el día entero arrancando unas hierbas ,de que se yo, de una jardinera que tenia pasto, sin resolver, me tiró dos veces al jalarla, por no decir que mi torpeza llevo mis nalgas al suelo, y algo más, en quitar las piedras de dicho lugar, para plantar pasto nuevo. El asunto que después de comer y ver la obra del dia me encontré que la señora que atiende la casa, regresó las piedras a la jardinera y se llevo las hierbas a la basura, y al servirme de comer dijo, ya está el jardín limpio.
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Seguía pensando en ella, siempre en ella, en su pelo, en sus ojos y en todo lo demás, en la distancia y la cercanía, en el amor, y desamor, en las puertas y cerrojos que le ha puesto a su corazón para ser, y para no ser, para mostrar libertad, encerrando su ser, cláro que a ti me refiero, pensé en ese momento, ¿Qué estarás haciendo tan lejos de mi?, y luego… solté una carcajada , en la radio, la canción de: “Probablemente ya, de mi te has olvidado, como anillo al dedo, creí.
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Siempre creí que la obediencia sería la respuesta, a todos mis problemas, y hasta la fecha no ha sido así, el temor a dios, me mantiene, pero el temor a todo, me derrumba. Me recuerdo de niño, con unos relucientes zapatos de charol negros, unos pantalones que me llegaban a los tobillos, calcetines blancos, camisa blanca muy limpia, mis ojos grandes, pelones, como los de un avestruz, ostrich en inglés. Temeroso, jugando con un yoyo, entre mis manos y mi mama tocándome o peinándome mi cabello lacio, rebelde, que no se asociegaba con nada, tal vez era un grito desesperado, de mi interior que llamaba a la rebeldía, que hipócritamente digo que nunca he tenido.
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Me levante de la mesa solo para ver las piedras de nuevo ahí, como si toda forma de resolver el jardín parara en lo mismo, en la nada a la que todos huimos o la primera respuesta a la cuestión: ¿que sientes?, ¿qué te duele?, ¿qué te pasa?: nada, y en vez de seguir despedrando, comprendí el dejarlas ahí por más tiempo, y a cortar ramas me dedique en la tarde, a acarrear macetas, para que las plantas no se secaran, me recordó el saber que decía, cuando el ser que me dio la vida al dar vida, con un dedo las movía, señalando donde las quería, ahora sin dueño, estaba yo vacilando donde ponerlas.
Entonces me vino a la mente otro recuerdo, una hazaña, que duraría años, mis concursos de poesía, mi madre me obligo a participar, yo no quería, con una poesía que se aprendió mi hermano y yo después a fuerza de oírsela repetir, ya estaba pensé, con esta voy, y así fue, por primera vez a mis ocho años descubrí la omnipotencia de ganar, que me embriagaba, años después al ir a six flags, y subirme a pocos juegos, descubrí que la adrenalina derrochada era igual al pararse en un estrado, cosa rara, pues en los dos casos te vuelves adicto. Pero al conocer la victoria y el reconocimiento total nada mas importo en esta etapa que esperar cada año para poder ganar en mi salón en la escuela, en la zona y en el sector, ultimo que nunca pude lograr.
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Al ver que las macetas ahí estaban en el lugar que yo quería, pude ver superada la existencia de muchos años, pude ver luz, para ellas y para mí, me vi mejor que en el cenit de mi decadencia, de la locura, que embarga mi corazón, y así fue como lo pensé, pues pensé en ella.
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Sus ojos eran hermosos, cafés, labios pequeños y risueños, frente amplia, lisa, que marcaba la inteligencia de su mente, y la barbilla , así es partida en dos, con una piel tersa, esa era la imagen de la que me enamore, cuando ella misma sostenía su foto, a mis ocho años, para enseñármela, esa soy yo dijo, cuando tenía ocho años, mira que chula estaba, y comprendí a esa edad que el tiempo no vuelve, y que nunca seria para mi, así que desde entonces te he buscado así, pero con más cosas, que me agradan, y me obligan a buscarte más.
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No tuve más que ir al vivero, la florista con risa me saludaba, ¿ahora qué se va a llevar doctor?, ¿ya mero sale?¿cuánto le falta?, seguramente le va muy bien su mama dice que es muy inteligente. Yo fruncí el ceño y sacudí con una mueca mi larga boca, simulando una sonrisa, y dije, bien doña licha, que tiene de nuevo?, ella me mostro geranios, azaleas, anturios, hasta Nochebuenas, que parecían buenas noches, yo solo vi algo raro para aquí, una phalaenopsis pecosa, que me incitaba con sus pétalos moteados, que raro es ver una flor así me acerque y se tambaleo la repisa a punto de caer.
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Así como en la foto, así te conocí en los concursos de poesía, cada año ganaba para arrojar mis sueños a la borda y en el último momento dejarte ganar, yo con mi lugar ganado, el segundón que años después el que en ese sueño era tu padre me dijo que nunca te gane, que errado y cuánta razón tenía. Mi madre, como todas las madres que tengo, “ya ganaras el que viene hijo, ya será tu turno”, nunca supo que llegaba para verte, para aplaudirte, y ver tus zapatos blancos de charol junto a los míos, y decirte que ganaría, que perderías, y de alguna manera, así fue…
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La planta tambaleaba al piso y la tome con mis dos manos, pareciera que cargaba una criatura, recién parida, con la delicadeza que se necesita, la observe, pensando la belleza de sus labios, comparados solamente con la figura más intima de una mujer, y que difícil es explicarme que la orquídea se llama así por los testículos, me dije, y más raro que el tallo de las flores desemboque en esa forma que ellas dan, y como todas las flores, es como verse a ellas mismas hacerse el amor por días o semanas, como el Edén.
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sacudí mi melena turbia, y ondulada, era un 14 de febrero , te salude dos veces y te vi, recibí tu carta, la leí sorprendido, y sin quererte ver, te lo dije estúpido, pensé, quise aprovechar, nadie me veía, tenia lo que necesitaba, los claveles tornasol que tanto te gustaban , y los chocolates de tu elección, pero estabas delante de mí, escuálida, tonta, y distraída, por poco te empujo, y te los di acompañado de un sí, y un te lo dije.
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Sin la distracción de la orquídea, regrese a mi casa, polvosa, por el clima, con las glorias de un tiempo que no volvió, lo sabía. Pero no quise mirar atrás, hay que crear, construir, ya no es tiempo de pensar en lo que fue, en lo que me enseñaste, en lo que viví a tu lado, tus consejos tu jardín, tu biblia, en todo lo que me dijiste hacer, que no sirvió para nada, que me dio felicidad y más desdicha.
Por eso la soberbia me envolvió, tenía el mundo que quería, altanero, y solitario, pero con tu compañía en trinidad, de la cual solo me queda una y busco la que perdí mientras trato de olvidar la que murió. Siempre dije que si no me madrean era por el mal carácter tuyo, o la sencillez y ternura que derrochabas, o la fama de madreador de mi hermano, de cualquier manera, siempre hice lo que quise.
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Como recuerdo esos días de poder, veo a uno levantándose por mi basura, por orden del maestro, otro que con rabia tuvo que limpiar mis zapatos, y ese que lo acusaron de hasta pegarme la varicela, y yo en medio con mi facies de satisfacción., ese dia casi me madrean, memito, el pendejo de memito, ahí estaba diciéndome mis verdades, que mi padre era un borracho, un mediocre, que se caía en las banquetas, y yo serenamente le dije que el suyo era un ratero, un estúpido que no sabe por qué tuvo un hijo tan estúpido como él, y lloro, y yo reí, ¿culpa? Claro, claro que si, y el carma, también, todo lo pague en tres gracias, tres partidas en donde morí yo, y dos veces mi mundo, que tan pequeña era la vida me di cuenta, tanto que aun tardo en buscarte, a ti, exactamente a ti, de ojo hermoso, frente amplia boca risueña, pequeña como terciopelo, busco que me quieras, ¿imaginarte? Para que si ya te conozco, toda la vida te conocí, tus canciones, tus consejos que sirven para todo y para lo mismo, tu ser, tu amor, eso busco.
Que seas para mí y no seas la misma, que seas lo que espero y lo que quise ser a tu lado, ¿que si es egoísta? Sí, pero que amor ha de ser aquel que no lo es, que no vive el egoísmo pues es propio y entre los dos son uno y son lo que son y existen, dos medios cerebros hacen uno, pero dos cerebros, dos cerebros hacen el amor, el aceite que surge y empapa a la orquídea sin salir de ella, la dulzura que reboza mi copa, y me da el infinito ser de ser y estar en tu lecho , en aquella cosa sagrada que une, que empapa y que asesina para uno y otros no.
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Ayer me levante en la noche, vi la luna tan grande, tan bonita, tan llena y tan hermosa, que me dieron, muchos nervios.

